LA NECESIDAD DEL SENTIDO CRÍTICO

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Se ha dicho que el sentido crítico es una premisa básica de la libertad de las personas. A través de los medios de comunicación recibimos a diario gran cantidad de información procedente de un gran número de emisores, que si bien nos informan de la cambiante realidad circundante, y aun de la lejana, cabe que lo hagan dentro de un estilo determinado. Discriminar de entre esa plétora de datos lo que realmente nos interesa puede ser una tarea ardua, pero a la que no se debe renunciar, so pena de caer en el pasotismo o diluidos en la masa. 

La experiencia nos muestra que las cadenas de radio, de TV, o de la prensa escrita, tienen muy variadas líneas editoriales o tendencias ideológicas; incluso con ligeras variantes cuando tienen más de un medio. Junto a ello, cabe que además pretendan trasmitir un mensaje de fondo determinado. No se olvide que si bien el imperio de la comunicación se enmarca dentro del mundo de los negocios, y por tanto persiguiendo un beneficio económico, también es verdad que los financiadores de esos medios pueden tener —y con frecuencia lo tienen— un proyecto para moldear la opinión general de los ciudadanos en un sentido u otro, y cabe que dicho propósito moldee la información, al quedar sometida a algún filtro ideológico que le quite parte del rigor, la neutralidad y la honestidad que cabría esperar de un ejercicio ético de la labor informativa.

En ese caudal noticiario, un importante volumen de tiempo y espacio se dedica a lo que genéricamente llamamos ‘política’, tanto de la información derivada de la gestión del gobierno y de la cosa pública en general, como de la acción de los partidos políticos y de sus dirigentes para generar opinión publica favorable a sus intereses; y más en épocas preelectorales En este terreno no es infrecuente que empresario y partido compartan similares puntos de vista, sumando interacciones entre el medio y el político emisor del mensaje, con objetivo último de moldear el sentido crítico de los receptores de la información o de los espectadores de una tertulia.

Es interesante señalar que las técnicas para influir en la opinión pública han avanzado tremendamente, no solo en la teoría sino también en su aplicación práctica; no solo desde el punto de vista de la propaganda comercial, sino también de la ideología. Como ejercicio, es interesante analizar las tertulias como vehículo ideologizador, donde la habilidad lingüística puede primar sobre las ideas; donde es frecuente que el organizador plantee la escena como un pugilato, como un espectáculo. En este campo de conformación de las conciencias, no es baladí el interés de los partidos políticos por utilizar el sistema educativo como medio de adoctrinamiento hacia su ideología.

El ideal de los medios es tener un receptor pasivo, con escaso sentido crítico, que acoja los mensajes con asentimiento, y que no cambie de canal. Quizá lo contrario de lo que a un ciudadano informado interesa: si no hay reflexión y criterio propio no habrá libertad responsable. Por ello es bueno desarrollar y ejercitar el sentido crítico y reflexivo para percibir e interpretar la realidad y buscar la verdad; discernir lo valioso de lo que no lo es, yendo más allá de lo aparente. Una reflexión que induzca a la acción, ponderando las consecuencias de nuestras acciones o decisiones. Conviene pesar la mercancía ofrecida y al oferente, suele decir un amigo.

                       Agustín Pérez


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