Obélix y Cia.

   La primera vez que la leí, yo tenía 17 años. Después, la he leído muchas veces, y siempre que la releo, además de reírme un montón – impagable Obelix con capa y lazos horteras – no deja de asombrarme, el que considero el mejor libro para entender el capitalismo, su lado más siniestro y buena parte de las causas que nos han llevado a esta crisis económica. Como ya habrán adivinado, si no la han leído, se trata de una aventura de Asterix, el galo, y trata de lo siguiente:

   Julio César, harto de las derrotas de sus legiones, a manos de los irreductibles galos de la pequeña aldea de Asterix; idea un plan nuevo: corromperles por medio del dinero y los vicios que aquejaban a la sociedad romana de su tiempo. Para ello envía a Cayo Coyuntural – ¡vaya nombrecito!-, un romano espabilado, a la aldea gala. Este se encuentra con Obelix por el bosque, el cual lleva un menhir a la espalda – un menhir, como ya sabrán, es una piedra enorme, que los antiguos colocaban verticalmente, sin que se sepa muy bien para que, y que es un objeto absolutamente inútil y perfectamente prescindible- ambos dialogan y Coyuntural, después de lisonjear a Obelix, le compra el menhir por una bolsa con sestercios y la promesa de que al día siguiente le debe entregar dos más. Obelix no sabe muy bien que hacer con el dinero, pero Coyuntural le dice que así será el hombre más importante del pueblecito, y Obelix se lo cree. Deja todas sus otras diversiones: jugar con Ideafix, pasear con Asterix y cazar jabalíes, y se pone a fabricar los dos menhires, ante la extrañeza de Asterix e Ideafix. Al día siguiente le entrega los dos menhires a Coyuntural, que le paga con cuatro bolsas de sestercios, el doble del día anterior, endilgándole una teoría económica según la cual sube la demanda y que por ello el precio sube, y además mañana Obelix le debe traer cuatro menhires más, por eso porque la demanda ha subido. Cuando Obelix se pone a trabajar tiene hambre y se encuentra con un vecino que ha cazado un jabalí, entonces le repite, a su manera, la teoría de Coyuntural, le compra el jabalí y le dice que será el segundo hombre más importante del pueblecito. Este vecino, tampoco sabe muy bien que hacer con el dinero pero se pone a cazar jabalíes para Obelix. El problema surge cuando Obelix acude al mercado y el mercader de telas, que antes se tenía que conformar con el trueque, le vende todo el género, carro incluido, a este, porque paga en metálico; con la consiguiente envidia de todas las mujeres, que tardan poco en recriminar a sus maridos, que van hechas unos adefesios porque Obelix, las ha dejado sin telas, y que ellos son unos mantas mientras que Obelix es un industrial próspero. Obelix cambia su atuendo, se pone capa y unos lazos horteras, y se dedica a presumir por el pueblo. Todos ven en la “industria del Menhir”, el porvenir de la aldea gala, menos Asterix y el druida Panoramix, que no entienden bien esta nueva estrategia de los romanos, pero le dan poción mágica a todo el pueblo, a tutiplén; y así medio pueblo fabrica menhires para Coyuntural y los romanos y el otro medio caza jabalíes para los que hacen menhires.

   Con semejante producción, Coyuntural termina agotando el Tesoro Romano y Julio César le dice que, muy bien, que los galos ahora están muy ocupados en hacer menhires en vez de zurrar a sus legionarios, pero que no hay más dinero. Entonces Coyuntural, que solo tiene menhires a miles decide hacer una nueva estrategia comercial: vendérselos a los ciudadanos de Roma. Para ello idea una campaña de publicidad: “Si no tienes un menhir, no eres feliz”, “Pon un menhir en tu vida”, y cosas así; y empieza a vender el stock de menhires galos en Roma. Las demás provincias romanas ven el negocio y quieren vender sus productos: obeliscos egipcios, columnas griegas, etc. Se producen manifestaciones en defensa del producto nacional: “No al menhir de importación, consuma menhir nacional”. Hay huelgas de ¡esclavos!, que son los trabajadores de las canteras de Italia… De manera que Julio César, que creía haber solucionado una crisis local de la Galia, se enfrenta ahora a una crisis económica galopante de todo el Imperio, y con las arcas del Tesoro vacías. A todo esto en la pequeña aldea gala se reavivan rencores entre los vecinos, por culpa de los menhires y se produce la división entre ellos. Menos mal que el sentido común de Asterix y Panoramix, reconduce la situación y los pacíficos galos vuelven al comienzo, al trueque y a sus tareas cotidianas.

   Real como la vida misma. Léanla si pueden: se divertirán y les hará reflexionar. Como a mí.

    Alejandro Pérez Benedicto

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