Crisis y cine

   Hay dos secuencias de películas que me han levantado el ánimo, que tengo últimamente, algo alicaído por la crisis. Si alguien piensa que no podemos salir de esta, le recomiendo que las vea. La primera pertenece a una película de King Vidor de 1934, que se llama “EL PAN NUESTRO DE CADA DIA”, y es la secuencia final. La película versa sobre un matrimonio joven, que vive en la ciudad, y que por necesidad deben ir al campo, a hacerse cargo de una granja abandonada, como último recurso en plena Depresión de los años treinta en EEUU. Allí hacen frente a todas las dificultades, con la ayuda de sus vecinos granjeros, pese a su ignorancia sobre los asuntos agrícolas. Al final de la película, el protagonista galvaniza a sus derrotados vecinos y todos juntos construyen a golpe de azada, un improvisado canal para llevar el agua a sus resecos campos – ¿Les suena lo de la sequía? – La película, es en blanco y negro, y la secuencia en cuestión no tiene música y apenas hablan, solo se oye el ruido de las azadas y se ve el enorme esfuerzo de todos, por lograr la meta común: cientos de hombres, mujeres y niños, trabajan con sus azadas, palas y con sus manos, de manera sincopada y la cámara recoge el larguísimo camino del agua hasta los campos resecos, con un montaje de planos sencillamente magistral.

   La otra secuencia pertenece a la película “UNICO TESTIGO”, se trata del levantamiento de un establo de madera, trabajando toda la comunidad amish, para una pareja de recién casados. La secuencia dura unos cinco minutos y es de una belleza sobrecogedora: intercalando planos generales con planos cortos donde se ven las miradas que los protagonistas intercambian a lo largo del día, sin apenas dialogo, solo pequeños gestos y también un enorme esfuerzo, y con el fondo de la hermosísima música de Maurice Jarre, bajo un fotografía espléndida, vemos como en un día, los hombres y los niños amish, levantan el granero, mientras las mujeres preparan la comida y les atienden, dándoles agua y refrescos.

   Ambas secuencias tienen en común dos cosas: la unión de dos comunidades para un fin, en un caso social y en el otro altruista; y el valor de la voluntad humana frente a la adversidad. Y además en ambos casos dicha acción en común, se sustenta en la profunda religiosidad de todos ellos: los amish y los granjeros. Solo así lo consiguen.

   Para salir de esta crisis y de todas las que puedan venir, son necesarias tres cosas: una decidida voluntad de todos – ¡TODOS!: Gobierno, sindicatos y empresarios, partidos políticos, banqueros y sociedad en general; que nadie piense que le van a sacar – la acción conjunta de todos -¡TODOS!- con sufrimiento en el empeño, ¡con mucho empeño!; y la religión como inspiradora última de todos los esfuerzos, porque sin ella correremos como pollos sin cabeza, extenuados y sin sentido, hasta la muerte.

   Los que puedan, véanlas – Son fáciles de ver en YOUTUBE – Les levantarán el ánimo, como a mí.

Alejandro Pérez Benedicto

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