Endeudamiento

Despilfarro
    A efectos de entender algo de lo que sucede en la gran crisis económica que padecemos en España y en el mundo occidental en general incluyendo los EEUU, a los grandes parámetros que manejan los economistas y los analistas financieros, se suele aplicar la idea de que un país es como una familia y sus ingresos, gastos, endeudamiento productividad, etc. son semejantes, salvada la distancia considerable en cuanto a magnitudes, entre uno y otra.

    Pues bien, ¿debe una familia endeudarse por sistema para adquirir todo aquello que les apetece a todos y cada uno de sus miembros? ¿debe esa misma familia endeudarse sólo en caso de necesidad? A la primera pregunta me parece que todos contestaríamos que no, que no es conveniente, pero es lo que hemos hecho todos o la mayoría de los ciudadanos, en estos pasados años de bonanza económica con ligeros altibajos inevitables; pero ahora no es un simple altibajo coyuntural, es una gran y profunda crisis que está afectando a los fundamentos de los países occidentales, y haciendo caer en graves situaciones dramáticas de elemental subsistencia a las clases más débiles –léase trabajadores, empleados, autónomos y pensionistas- no así a los políticos que se las ingenian para tener unos formidables ingresos no afectados por la crisis, y a los que han logrado tener un puesto importante en la Administración o en alguna de las grandes empresas que gozan de preponderancia en el mercado capitalista –léase Bancos, Telecomunicaciones, Eléctricas, Refinerías, etc.-

    La constatación de estos hechos que nos han conducido en España a tener más de 5 millones de desempleados, bien que atemperados por el desarrollo de le economía sumergida o clandestina situada al margen de la legalidad, debería llevarnos a modificar el enfoque y las circunstancias que rodean esta situación prácticamente catastrófica y, en lugar de ello, nuestros políticos se afanan en lograr más y más endeudamiento en vez de crear las condiciones necesarias para que se constituyan empresas y los consiguientes empleos estables y, lo que es peor, en apropiarse de los caudales públicos faltando gravemente a la justicia. Hace poco, una señora me decía: “desengáñese señor, la mayoría de los políticos roban y son ladrones por naturaleza, y cuando son descubiertos se las ingenian para irse “de rositas” sin que el sufrido ciudadano podamos hacer nada práctico para evitarlo”. Evidentemente la señora exageraba en su apreciación generalizada, porque hay también muchos políticos honrados y ejemplares, pero no le faltaba razón en sus palabras, porque efectivamente, los que hay y son corruptos, son “demasiados”.

    Me parece que si empezamos todos por no endeudarnos, o hacerlo lo menos posible, reduciremos la mayoría de las injustas desigualdades que genera el capitalismo que trata de asfixiarnos siempre, aunque a veces nos deje vivir para seguir imponiendo sus criterios de injusticia y explotación, en perjuicio de una cierta igualdad o proporcionalidad aceptable que debe prevalecer en las relaciones económicas de las personas y los pueblos. Conste que no hablo de autarquía, sino de esforzarnos todos por procurar crear condiciones de justicia que favorezcan y desarrollen el bien común, no el de unos pocos privilegiados.

    En cuanto a la segunda pregunta, habría que analizar los casos uno por uno y tratar de encontrar soluciones que no exigiesen endeudamiento, lo cual no es fácil ni muchas veces posible. Pero en todo caso, en mi opinión, debe evitarse a toda costa el endeudamiento personal y familiar, que tanto favorece la especulación propia del capitalismo que trata de imponernos por medio de la publicidad y la generación de deseos innecesarios, la consiguiente satisfacción que ésta conlleva.
    Siempre me acordaré de uno de mis abuelos que sufrió durante muchos años una grave enfermedad, crónica e incurable que le dejó ciego los 30 últimos años de su vida y que decidió visitar a uno de los mejores médicos que había en España sobre su especialidad, diciéndole que no podía pagarle lo que él cobraba y se merecía con su trabajo, porque era muy pobre y que le pagaría lo que pudiera, sobre todo con alimentos: vino, longaniza, chorizo, pollos, queso, etc. lo que hoy llamaríamos en especie. Aquel buen señor aceptó la propuesta y le atendió siempre amablemente hasta que murió, y mi abuelo estuvo siempre bien atendido sin endeudarse.
Roberto Grao Gracia
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