El consenso

Tolerancia
   ¿Cómo lograr una convivencia pacífica en una sociedad pluralista y multicultural? El mejor camino es el diálogo para llegar a un consenso. Cuando las normas sociales afectan a todos deben emanar del consenso mayoritario. La sabiduría del pueblo dice que hablando se entiende la gente y que cuatro ojos ven más que dos. Así que podríamos decir que el consenso, sin ser perfecto, es la mejor forma de llevar la ética a la sociedad.

   Pero la ética, como parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre, no nace automáticamente del consenso, pues puede haber acuerdos que pueden ser injustos e inválidos.

   MacIntyre propone este problema: si en un grupo de doce personas, hay diez sádicos que deciden por consenso atormentar a los otros dos que son pacíficos ¿es válido este consenso? Otro ejemplo: si los dirigentes nazis acuerdan por consenso asesinar en masa a los judíos, ¿qué validez tiene este acuerdo? Por eso el consenso sólo es legítimo cuando todos aceptan normas básicas de conducta moral.

   El debate no es el fundamento de la ética, porque del debate pueden salir soluciones diferentes o contradictorias y un fundamento discutible dejaría de ser fundamento. Aristóteles decía que quien discute si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes. La democracia y la conducta moral se deben fundamentar en principios no discutibles.

   Esas normas básicas de conducta han de nacer de un debate entre personas imparciales, bien formadas y habituadas a una rigurosa reflexión. Pero esto es muy difícil de conseguir entre gobernantes de una ideología previa que condiciona el debate y las conclusiones. Con frecuencia son los representantes elegidos democráticamente quienes deciden acerca del bien y del mal de las acciones humanas. Algo se considera bueno o malo simplemente porque ha sido decidido o prohibido por un gobierno o un parlamento..

   Pero la realidad es que el consenso en ese parlamento se consigue muchas veces comprando los votos necesarios de los partidos minoritarios para conseguir artificialmente una mayoría que impone su criterio ideológico a toda la sociedad. Con esta mentalidad relativista todas las opiniones valen lo mismo, y por tanto, nada valen en si mismas, sino sólo en función de los votos que los respaldan.

   Hacen falta muchos esfuerzos para perfeccionar nuestra democracia, evitando esas corruptelas de compraventa de votos para llegar a consensos. Hace falta mucha reflexión serena sobre la realidad para que la verdad sea aquella opinión a la que se llega de común acuerdo entre todos. No es la verdad el fruto del consenso, sino que más bien es el consenso el fruto de la verdad.
Arturo Ramo García
http://www.aplicaciones.info/
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