Dios y el mal


   Tengo un amigo que nos conocimos de jóvenes en el Centro de Acción Católica de una parroquia, en tiempos en los que las Iglesias se llenaban más en las misas dominicales, y se veían más jóvenes entre los asistentes. Allí nos relacionábamos chicos y chicas, hacíamos excursiones, cine fórum, publicábamos una revista, practicábamos obras de misericordia, etc.

   Ahora ha perdido la fe, y ha dejado sus prácticas religiosas. Lo que ha ganado en edad y en economía, lo ha perdido en fe. Es un padre que se sacrifica por sus hijos, y ellos no corresponden a sus desvelos con generosidad, hablan poco y son fríos con él. Yo le digo que a lo mejor les falta una educación religiosa, porque si tuvieran en cuenta al menos el mandamiento de honrarás a tu padre y a tu madre, reaccionarían de otra forma.

   Sostiene que la Religión es una invención del hombre por el miedo a la muerte, y que después no hay nada. A mí me gustaría que hubiera mantenido su fe. Y como réplica le expuse mal, el contenido de una presentación, ilustrada con bonitas imágenes, que un colega me había mandado por e-mail, cuyo autor ignoro su nombre:
Alemania al inicio del siglo XX, durante una conferencia con varios universitarios, un profesor de la Universidad de Berlín, propuso un desafío a sus alumnos con la siguiente pregunta:

   -¿Dios creó todo lo que existe?

   Un alumno respondió, valientemente:

   -Sí, Él creó…

   -¿Dios creó todo lo que existe?, preguntó nuevamente el maestro.

   -Sí señor, respondió el joven.

   El profesor respondió:

   -Sí Dios creó todo lo que existe, ¡entonces Dios hizo el mal, ya que el mal existe!. Y si establecemos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, ¡entonces Dios es malo!.

   Otro estudiante levantó la mano y dijo:

   -¿Puedo hacerle una pregunta, profesor?

   -Lógico, fue la respuesta.

   -Profesor, ¿el frío existe?, insistió el alumno.

   -¿Pero que pregunta es esa?…Lógico que existe, ¿o acaso nunca sentiste frío?.

    El muchacho respondió:

   -En realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío en verdad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de que manera nos sentimos cuando no tenemos calor.

   – Y, ¿existe la oscuridad?, continuó el estudiante.

    El profesor respondió:

   -Existe.

    A lo que el estudiante le dijo:

    -La oscuridad tampoco existe. La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar ¡la oscuridad, no!.. A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas. ¡La oscuridad, no!….¿Cómo se puede saber qué tan oscuro está un espacio determinado?. Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio. La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz.

    Finalmente, el joven preguntó al profesor: Señor:

   – ¿EL MAL EXISTE?.

   El profesor respondió:

   -Como afirmé al inicio, vemos estupros, crímenes, violencia en todo el mundo. Esas cosas están mal.

   El estudiante adujo:

   -El mal no existe, Señor, o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien… De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios. Dios no creó el mal. .. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor, o con la oscuridad cuando no hay luz.

    El joven fue aplaudido de pie, y el maestro, moviendo la cabeza permaneció en silencio…

    El director de la Universidad, se dirigió al joven estudiante y le preguntó:

   -¿Cuál es tu nombre?.

   -Me llamo, Albert Einstein.

    Mi amigo lee revistas científicas pero no quiere usar Internet. En caso contrario le hubiera mandado la presentación nada más llegar a casa. Así que tendré que conformarme con darle impreso este artículo, cuando lo publiquen, añadiendo una frase del genio: “¿Azar?, jamás creeré que Dios juega a los dados con el mundo”.
Ricardo Gutiérrez Ballarín, Doctor en CC.II.
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