Estar y existir en el Congreso

Tolerancia
    De la vida polifacética de José Antonio Labordeta Subías, y de sus momentos para recordar, selecciono para hacer un comentario, aquel en el que se ve en las Cortes, bajo la presidencia de la sevillana del PP, Luisa Fernanda Rudí, interpelando a Francisco Álvarez-Cascos, cuando era ministro de Fomento, sobre la línea férrea del AVE Madrid-Lérida, que éste justificaba culpando a los socialistas del retraso.

   Labordeta, en el momento que comento, había respetado el Reglamento del Congreso, esperó su turno, y cuando Rudi le da paso para subir a la tribuna, antes de empezar a hablar, ve a unos diputados, mucho menos conocidos que él, que ríen y hacen aspavientos. Y como dice en “Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados”, con relación a Felipe González, cuando apenas acudía a su escaño, “a veces es más vergüenza estar y no existir”. Se ha hablado mucho de los culiparlantes del Congreso, con buenos sueldos, dietas y complementos, que se hacen señorías por formar parte de unas listas, y van allí a ver, oír y votar.

    Pero que por tener su partido más escaños, se consideran superiores, gesticulen y se rían, o sea, que antes de empezar a hablar, sin saber lo que iba a decir, le ningunearan, le sacó de quicio. Eso era peor que un insulto, porque suponía quererle comer la moral, y no respetar a las minorías, que por la ley electoral lo tienen más difícil para conseguir su escaño.

   Labordeta explicó después que había sido un día muy duro discutiendo sobre la guerra de Irak, y hubo algunos que le dijeron: “!vete con la mochila!”,…”¡qué me dices cantautor de las narices!”; y esto último ya no lo pudo resistir, y se encaró con ellos: “¡Yo voy tranquilamente! ¿es que no puedo hablar aquí?…¡a la mierda, joder!…¡estoy hablando con el ministro y no con ustedes!”.

   Fue un exabrupto que con la cantidad de temas que había compuesto, resultó el más visitado en Internet, y lo han recordado casi todos los medios a raíz de su muerte.

   Su salida de tono, manifestada con viveza, merece muchos atenuantes. Situaciones así, con distintos grados de falta de respeto, son frecuentes en las relaciones humanas y se han producido en otros famosos, en circunstancias distintas.

   Los hay que monopolizan las intervenciones, avasallando a otros. En toda empresa, en toda organización humana, para que no exista un guirigay, hay que someterse a unas reglas para la comunicación en las reuniones. Hay técnicas para ello.
Cuando en una tertulia radiofónica o televisiva hablan varios a la vez, molesta, porque más que hablar, generan ruido. Pero aún incomoda más, ver u oír a los que siendo inferiores se sienten superiores por la aritmética de los votos, y se cachondean de otro que merece todo respeto por su vida de trabajo.

Ricardo Gutiérrez Ballarín. Doctor en Ciencias de la Información.
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