Hacia dónde vamos, España


   Quizá como consecuencia del desencanto político, la globalización o el relativismo ideológico, o incluso de una emigración no asimilada, en el recorrido de las décadas transcurridas desde la Transición parece detectarse una decaída del sentimiento de lo español. Como contrapunto, estos días hemos tenido una explosión de españolidad con la victoria de la selección española en el campeonato mundial de fútbol, o en otros eventos deportivos en los que destacan españoles; pero, como la espuma de champán, una vez depositado en la copa, se acaban las burbujas. Los síntomas son múltiples, si bien cada cual los interpreta según su punto de vista.

   Una primera muestra: el mismo nombre de España es evitado cuidadosamente en demasiados discursos y redacciones periodísticas, sobre todo cuando proceden de la progresía, sustituyéndolo por ‘este país’, ‘el estado’, y ya no digamos de las perífrasis empleadas por los nacionalitas para entenderla como algo ajeno, suplantador de sus intereses y de su libertad.

   Otra es la dicotomía en la interpretación del término nacionalidad. Es honroso cuando se dice en boca de una parte de España, que quiere reforzar su identidad y aun que ansia algún grado de independencia o la separación de España. Sin embargo, se interpreta como algo invasor, totalitario, fascistoide, trasnochado o viejo, cuando se refiere a la nación española.

   La misma bandera española, salvo la explosión del mundial, no es exhibida en todos los lugares en los que debiera hacerse, y en algunos se hace por ‘imperativo legal’, que es la fórmula utilizada por quienes no creyendo en la Constitución nacional tienen que ‘acatar’ su cumplimiento para tomar posesión de algún cargo público: una especie de corte de manga. Así se da la paradoja de tener en el parlamento nacional diputados que no creen ni en la constitución ni en España: que no quieren ser España.

   Llevamos muchos años en los que lo local desplaza a lo general, lo regional a lo nacional. La estructura política que nos dimos con la constitución del 78 ¬–las Autonomías– está consiguiendo desmembrar la nación.
Cada uno tira de la piel de toro para sacar todo lo que pueda, para quedarse con una parte y marchar por su lado.

   El sistema electoral, según los datos que reflejan las diferentes elecciones, también contribuye a ese desmembramiento. Los dos grandes partidos nacionales tienen dificultades para alcanzar mayorías para gobernar, con el resultado de que para ello tienen que aliarse con partidos minoritarios –generalmente nacionalistas con vocación independentista–, que ceden sus votos a cambio de partidas del presupuesto nacional, o incluso se llegará a la cesión de la soberanía del Estado. Un caso puntual: el Estado nacional tiene que pedir permiso al gobierno autonómico de Cataluña para determinadas decisiones. ¿No estamos todos representados en el parlamento nacional?

   En este escenario, Zapatero, nuestro todavía presidente de Gobierno, está dispuesto desmentir al Departamento de Estado de los Estados Unidos cuando este verifica sobre el terreno que en las Islas Baleares o en Cataluña nadie puede escolarizarse en español, o que ninguna correspondencia oficial dirigida a los ciudadanos se emite en castellano: todo se hace en catalán y los niños pueden ser castigados por hablar español. Vendrán de fuera que las verdades te dirán. ¿Hacia donde vamos, España?
Agustín PÉREZ CERRADA
———–
Otros temas relacionados:
España se rompe
Manipulación histórica
Enviar a un amigo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: