Contra la manipulación, rebelión

Manipulación
   Un riesgo del tiempo que vivimos es que la mirada de cada uno se centre excesivamente en sí mismo, olvidándose del otro; que aparezca que mi modo de ver el mundo es el único posible, y llegue a querer destruir al otro que no comulgue con mi ideología. Esta actitud no es nueva, se repite a lo largo de la historia con ejemplos de genocidios, dictaduras o rodillos de mayorías parlamentarias, o persiguiendo el control de los medios de comunicación.

   Se recela del pensamiento que no siga la corriente instalada en el poder y se considera como enemigo a todo aquel que tenga una postura crítica con esa supuesta mayoría. Más aun, se quiere imponer una ideología por todos los medios. Los modelos de fascismos pasados no dejan de estar presentes en muchas actitudes de nuestros políticos asomados a la pequeña pantalla, sin que falten otros métodos más sutiles e insidiosos. Lo que antes se buscaba por la fuerza, ahora se intenta conseguir por la persuasión, la propaganda o el control de los sistemas de enseñanza, y aun desde los mismos órganos legislativos: cualquier ley inicua si lleva mucho tiempo aplicándose conformará un modo de vivir.

   Se intentan segar las raíces que unen al ciudadano con el pasado y le proyectan al futuro, para dejarlo aislado, convertido en masa, como producto de supermercado de marca genérica, sin identidad. Los llamados derechos de segunda o tercera generación desplazan a los de la primera: por ejemplo, el derecho a la vida queda desplazado por el supuesto derecho de la mujer al propio cuerpo, la vida concebida se considera como una cosa sin ningún valor. El derecho de opinión, puede quedar oprimido por la presión de la propaganda oficial.

   Ante el empeño por someter ideológicamente a los ciudadanos se presenta la necesidad de autodefensa. Y ello no solo desde un punto de vista negativo, al rechazar sistemas nocivos, sino desde una postura positiva, trasmitiendo los propios ideales. En esta época que nos ha tocado vivir, en que se busca un cambio social y cultural que borre la antigua civilización cristiana, esa postura en defensa de la propia identidad no está exenta de un punto de heroísmo y de necesidad de sacrificio, de rebelión para no dejarse manipular por ninguna mentira impuesta, preludio de totalitarismos.
Agustín Pérez Cerrada
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