Profesión y tiempo libre

Tiempo libre

   “Lo que hay de más real en el hombre, lo que es más auténtico, es su potencialidad, que la vida libera muy imperfectamente.” (P. VALÉRY)

   El hombre es un ser con múltiples facetas; un ser social y, como tal, forma parte de varias sociedades: nación, ciudad, barrio, empresa, partido político, asociación profesional o cultural, colectividades sociales o de ocio, aficiones estéticas, sindicato, etc.; y quiere participar en esas sociedades: en su gobierno, en sus decisiones, en la elección de sus dirigentes, o en ser elegido. Es un ser con capacidad crítica: condiciones de su carrera profesional, arte, literatura o pensamiento, ejercicio de sus derechos cívicos, etc.; un ser inteligente: capaz de aportar ideas, de contribuir a la mejora de su entorno, etc.; es un ser libre: de conciencia, de asociación, etc.

   La mentalidad profesional, hacer las cosas con eficacia, también es aplicable a otros campos diferentes del menester cotidiano que proporciona ingresos económicos. Trabajo y descanso se complementan. La actividad del hombre, lógicamente, no se agota en el quehacer profesional concreto; tiene capacidad para desplegarse en muchas otros afanes que se entienden como no productivos: sociales, artísticos o culturales, de asistencia social, etc., que habrían de afrontarse con similar mentalidad profesional.

   Todo el obrar del hombre corresponde a un mismo orden. El trabajo ha de abrirnos hacia los demás. La satisfacción en lo profesional reportará una carga de energía adicional que puede motivar positivamente para aplicarla a otros campos. La profesión no es todo; es un aspecto importante de la vida, pero existen otros campos en los que desarrollarse.

   Se dice que estamos inmersos en una civilización del tiempo libre. El hombre post-industrial comienza a tener tiempo libre para dedicarlo a intereses personales. En general, se denomina tiempo libre al tiempo fuera de la profesión, disponible para hacer lo que se prefiere. Este espacio juega un papel importante en la vida, ya se entienda el ocio como descanso (diversión, deporte, evasión, u otra compensación necesaria ante una dedicación intensa), ya sea como tiempo que puede ser llenado con una dedicación entusiasta a aficiones personales.

   Descanso no es necesariamente ocio, frecuentemente es “hacer otras cosas”. El ejercicio de la profesión proporciona hábitos que podrían trasladarse a otros campos de relación. Aspecto que será más importante al tener en cuenta la tendencia a una jubilación profesional en pleno vigor físico y mental, a la que convendría aportar hábitos para aplicarlos a alguna dedicación sustitutiva que llene los años futuros de fértil madurez.

Agustín PÉREZ CERRADA
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