La Formación Profesional, desde sus inicios a hoy


   Hasta fechas bien recientes la Formación Profesional se adquiría en el lugar de trabajo (taller, fábrica, campo, hogar…). Uno de los primeros pasos para el establecimiento de la Formación Profesional escolar fue el art. 107 de la Ley de Instrucción Pública de 1857, que disponía que “en los pueblos que lleguen a diez mil habitantes habrá, además, una clase de dibujo lineal y de adorno con aplicación a las artes mecánicas.” A este siguió el establecimiento, en 1870, en Madrid, de la Escuela Central de Artes y Oficios, las Escuelas Provinciales de Artes y Oficios y la creación, el 5 de noviembre de 1886, de la Escuela de Artes y oficios de Distrito de Logroño, junto con otras seis más (Alcoy, Almería, Béjar, Gijón, Santiago de Compostela y Villanueva y Geltrú).La finalidad de estas escuelas, al principio, era dar a los obreros los fundamentos y perfeccionamiento de su oficio, por lo que las clases se impartían de noche. Estas escuelas, después de distintas modificaciones se transformaron en Escuelas Industriales (Maestría y Peritaje) y Escuelas de Artes y Oficios. Es en 1910 (Gaceta de Madrid del 28 de dic.), cuando en las mismas, además, se establecieron clases diurnas para formar profesionales que después ocuparían distintos puestos en la industria y para cuyo ingreso se requería haber cumplido los 12 años, edad en que terminaba la Educación Primaria obligatoria en esas fechas.

   Pero el gran impulso a la Formación Profesional lo dio el movimiento regeneracionista, surgido en torno a los acontecimientos de 1898. Sus distintas tendencias coincidían en que el problema de España era, en ese momento, principalmente, de educación y que era imprescindible una Educación Primaria para todos, seguida de una Formación Profesional adecuada a los distintos entornos productivos (agrícola, industrial, comercial, minera y náutica). Como no era posible establecer esas escuelas en todas las localidades, becados por la Junta de Ampliación de Estudios, creada en 1907, viajaron a distintos países de Europa (Francia, Suiza, Bélgica…), maestros e inspectores para estudiar en los mismos el estado de la Educación Primaria y cómo se estaban organizando en sus escuelas, al término de la misma, cursos complementarios de Formación Profesional.

    Con la información y experiencia recogida, por R. D. de 23 de setiembre de 1922 (Gaceta de Madrid del 27), se establecieron, con carácter de ensayo, en las escuelas nacionales, al término de la Educación Primaria Obligatoria, cursos complementarios, de los 12 a los 16 años, que tenían como finalidad, además de ampliar la cultura general, la de iniciar a los escolares en los trabajos manuales y en las prácticas de taller, y evitar el abandono de la Educación Primaria, que se hacía ya entonces más sensible, en los últimos años de la escolaridad obligatoria, por no ofrecer a los escolares y a sus familias estudios que tuviesen una aplicación inmediatamente útil para la vida. No hay que olvidar que, a partir de los 10 años, además de comenzar a `predominar uno de los dos tipos de inteligencia, práctica o teórica, comienzan a aparecer las primeras aptitudes, entre las que se encuentra la aptitud mecánica (el placer de manejar herramientas), a la que poco después, con el inicio de la adolescencia, seguirán la aptitud matemática, literaria y aún científica y con ellas nuevos intereses que hacen que la enseñanza común para todos, adecuada en la enseñanza primaria, no sea suficiente y sea preciso diversificar algunos contenidos y darles carácter práctico.

    Estos cursos complementarios se mantuvieron durante la segunda República, y la Ley de Educación Primaria de 17 de julio del 45 los incorporó a la Enseñanza Primaria en el llamado Período de Iniciación Profesional que se podía cursar con carácter voluntario, de los 12 a los 15 años. Además, con el afán de hacer llegar la Formación Profesional al mayor número de escolares, por Ley de 16 de julio de 1949 se establece la Enseñanza Media y Profesional, (B.O.E. de 17 de julio), de cinco años de duración para cursarse a partir de los 10 años, que trata de aunar el Bachillerato y la Formación Profesional, adaptada a la actividad predominante en cada comarca. En La Rioja en la década de los cincuenta, se crearon además de la escuela de Oficialía de Calahorra, los centros de Enseñanza Media y Profesional de Alfaro, Arnedo, Haro, Nájera y en Logroño la Universidad Laboral, con internado.
Al prolongarse, el 1 de diciembre de 1964 la escolaridad obligatoria hasta los 14 años, por Ley de 21 de diciembre de 1965, las cosas comenzaron a cambiar. Se modificó, entre otros, el art. 18 de la Ley de Enseñanza Primaria de 17 de julio de 1945, se suprimió el Período de Iniciación Profesional y organizó la educación primaria en ocho cursos, con contenidos iguales para todos. Un paso más en esta dirección lo dio la Ley General de Educación de 4 de agosto de 1970, que suprimió el período de Preaprendizaje de las Escuelas de Oficialía y Maestría Industrial, la Enseñanza Media y Profesional y el Bachillerato Elemental, para constituir la Educación General Básica de 8 años de duración con la finalidad de proporcionar una formación fundamentalmente igual para todos, demorando el inicio de la Formación Profesional a los 14 años como mínimo.

   Pronto se pudo constatar que un buen porcentaje de alumnos, al llegar a la segunda etapa de E.G.B. encontraban dificultades en el aprendizaje y terminaban la escolaridad sin alcanzar el título de Graduado Escolar, y al pasar a la Formación Profesional de Primer Grado, como también se les exigía similares contenidos de carácter general, abandonaban los estudios.

   La LOGSE (1990), con la idea de reducir las desigualdades de los que se incorporaban al sistema escolar en desventaja, prolongó la escolaridad obligatoria, con una enseñanza común, igual para todos, con escasa diversificación, hasta los 16 años, demorando la iniciación de la Formación Profesional más de dos años, ya que el art. 23 preveía el establecimiento de programas de diversificación del currículo para alumnos mayores de 16 años que no hubiesen obtenido el titulo de Graduad en Educación Secundaria Obligatoria. Y además, para los que no alcanzasen el título programas específicos de Garantía Social (Iniciación Profesional). Demasiado tarde para los alumnos con predominio de inteligencia práctica, y con perjuicio para todos. Aunque la LOE (2006), ha flexibilizado en sus art. 27 y 30 la posibilidad de que determinados alumnos puedan cursar la Iniciación Profesional a partir de los 15 años, orientada a la obtención del título de Graduado en E.S.O., sería necesario extenderla a todos, al menos para cursar la Formación Profesional Industrial y Agrícola, medida que reduciría el absentismo y fracaso escolar, mitigaría otras dificultades que se viven en las aulas y sería positivo para alumnos, familia y sociedad.

    Por: Miguel Zapater Cornejo. Doctor en Ciencias de la Educación
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