Incertidumbre de la conducta humana

Familia

En lenguaje coloquial se suele decir que el matrimonio es una lotería, expresando de este modo la incertidumbre que se produce ante el compromiso con otra persona para toda la vida, de compartir con ella en el futuro, todas o casi todas las decisiones más o menos importantes, sin estar seguros completamente de la actitud del otro ante cada una de ellas. Porque evidentemente, durante el noviazgo previo al matrimonio, no se pueden comentar y prever todos los innumerables hechos que sucederán una vez constituido el anhelado enlace conyugal: número de hijos, tipo de educación religiosa o ninguna, lugar de residencia, profesionalidad de cada uno, amistades, Asociaciones, Clubs, Partidos políticos a los que se pertenece o se proyecta pertenecer, etc. etc.

Por otro lado, es un hecho demostrable que las personas, no sólo podemos sino que solemos cambiar a lo largo y ancho de nuestra vida, por mor de las circunstancias cambiantes en las que ésta se desarrolla. Una persona consigue un determinado trabajo y se comporta de una manera exquisita, leal, responsable, justa, amable, etc. hasta que, pasado el tiempo, aparece con un nuevo modo de ser, autoritario, irritable, egoísta, rencoroso, etc. porque ha conseguido afianzarse en lo que pretendía y ya no precisa presentar un lado bueno que le exigía un esfuerzo que ahora considera innecesario. Lo mismo o parecido puede suceder en el matrimonio, cuando ambos presentan durante el noviazgo su mejor perfil, más o menos real o fingido y una vez casados, cuando se ha conseguido amarrar fuertemente al cónyuge –hablo del matrimonio tradicional indisoluble- aparece la persona real, con más o menos defectos, manías, aficiones e ilusiones que antes habían permanecido ocultas por el fin sentimental que se perseguía de “conquistar” a la pareja, a la otra persona.

Otro ejemplo: un muchacho puede ser abandonado por sus padres desde su más tierna infancia, y no le quedará otro remedio que dedicarse a la mendicidad o a la delincuencia y comenzará una espiral de delitos generalmente cada vez más graves hasta terminar en la cárcel o en la autodestrucción como persona cabal; difícilmente superará el rencor y la animadversión a la sociedad que le ha tratado tan mal, que le ha abandonado sin medios ni recursos para defenderse. Pero sin embargo, un día puede cambiar, puede conocer a alguien que, a pesar de sus miserias y de sus defectos le ofrezca un cariño que no ha conocido en su vida y ese muchacho reaccionará positivamente procurando en lo sucesivo obrar bien y no hacer daño nunca a nadie.

No siempre, pero sí muchas veces, las conductas de los seres humanos son imprevisibles porque podemos cambiar a mejor o a peor y frecuentemente sorprendemos a propios y a extraños con nuestra reacciones ilógicas o irracionales, pues naturalmente, el ser humano no sólo es lógica y cerebralidad, sino también voluntad y corazón, todo ello mezclado como en una especie de coctelera –cuando no hay unas virtudes, valores y convicciones firmes que resistan el paso del tiempo- que produce un sabor-resultado que nadie podía suponer o esperar.

De ahí la incertidumbre que hablo al principio porque no todo lo podemos prever en el desarrollo de las relaciones humanas, sean cuales sean, profesionales, políticas, sociales, matrimoniales, amistosas, etc. aunque en muchas ocasiones se firmen contratos que traten de fijar las diversas circunstancias de cada relación.

Lo ideal sería que todos nos esforzásemos por vivir unas virtudes, valores y convicciones, procurando mejorarlas y afianzarlas cada vez más con el paso del tiempo porque además eso está al alcance de todos, con esfuerzo claro está, pero no todos estamos dispuestos a pagar el precio que supone ese esfuerzo continuado; con el transcurrir del tiempo nos cansamos y entonces hay que repetirse una y otra vez: ¡Vale la pena, vale la pena, vale la pena…!
Roberto Grao Gracia
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