La voz de su amo

La Justicia

Cuando los dos partidos mayoritarios en España PP y PSOE, decidieron modificar la forma de elección de los jueces del CGPJ y de los magistrados del TC, haciéndola depender proporcionalmente de los escaños de cada uno de ellos en el Parlamento, y de los obtenidos a su vez por los demás Partidos representados en él, se cargaron conscientemente la independencia del llamado Poder Judicial, respecto a los Partidos, y consolidaron la politización de las decisiones de los jueces por ellos designados, los cuales, desde entonces, se sienten obligados ante cualquier Ley controvertida que llega a sus manos, a votar según la opinión del Partido que les ha designado.

Alegaron fraudulentamente que, puesto que ellos habían sido elegidos democráticamente por el pueblo soberano, a ellos les correspondía también elegir democráticamente a los jueces de esas Instituciones tan fundamentales para el buen juego democrático.

Durante el tiempo transcurrido en estos años, desde que se consumó esa decisión, ninguno de los jueces así elegidos, se ha atrevido a pensar por su cuenta o ha sido capaz de votar con independencia de criterio y todos ellos sin excepción –salvo el Presidente del CGPJ Carlos Divar recientemente- han respondido milimétricamente a lo previsto o a la opinión del Partido que les ha elegido.

Haciendo un parangón, podría decirse que han actuado y siguen actuando como lo hacía el perro del anagrama de una famosa marca de fabricación y venta de aparatos de reproducción de sonido, llamados gramófonos allá por los años 1920-30 del pasado siglo XX. Esa marca se denominaba “La voz de su amo” y en ella aparecía un perro llamado Nipper sentado delante de uno de esos primeros aparatos escuchando sorprendido la voz de un cantante que se desprendía a través de la gran bocina y que se suponía que el perrillo identificaba como “de su amo”.

Por desgracia para la democracia española, por lo que supone de dependencia del Poder judicial respecto del Poder Político, esa actitud representa hoy la de los jueces así nombrados, sujetos voluntaria-mente a la dictadura de los Partidos e incapaces de reaccionar ante semejante atropello a su independencia.

A los ciudadanos corrientes sólo nos quedan dos actitudes al respecto, además de denunciar la perniciosidad de aquella falaz decisión: o exigimos a los políticos que cambien esa Ley de elección de los jueces, para recuperar una exigencia fundamental para una verdadera democracia, o expresamos pública y constantemente nuestro rechazo a ella a través de manifestaciones democráticas o de la abstención en las elecciones generales.
Roberto Grao Gracia. Profesor Mercantil.
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