Yo opino, tú opinas, él opina, todos opinamos… Yo opino pero soy consciente de que mi opinión no es un juicio definitivo. Porque sé que mi opinión depende de los conocimientos que tenga sobre el tema que se trate. Y que esos conocimientos pueden variar.
Yo opino, pero no me obstino en mi opinión, como si fuese inamovible. Tampoco es que cambie como una veleta. Pero la opinión, al ser por naturaleza dinámica, si se convierte en algo estático, entonces en lugar de opinión será otra cosa: obsesión, prejuicio, testarudez, o lo que sea.
La vida es polifacética. Ante cada situación, ante cada dilema, casi siempre hay varias opciones. Normalmente, cada problema puede tener soluciones diferentes. Por eso necesitamos intercambiar opiniones, para sopesar los pros y los contras de las distintas posibilidades, según diversos puntos de vista, pero en el reconocimiento de que la opinión propia no es necesariamente la mejor, ni mucho menos la única opción posible. Al recibir nuevos datos, puedo reafirmar mi opinión, o puede resultar razonable modificarla en algún aspecto.
José Murillo.
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